Dios comunicó los términos del pacto a Abraham y le mostró cómo se lograría la salvación de la humanidad mediante el sacrificio de Cristo
Lección 2 · 4to Trimestre 2026
El llamado de un profeta
Para el Sábado 10 de octubre de 2026
Lee para el estudio de esta semana
Génesis 1:27-28; 3:1-8; Lucas 15:11-32; Génesis 3:14-24; Éxodo 19:16-22; Juan 10:27-30
Para memorizar
Después oí la voz del Señor, que dijo: “¿A quién enviaré? ¿Quién irá de nuestra parte?”. Entonces respondí: “Aquí estoy, envíame a mí”
— Isaías 6:8
Sábado 3 de octubre
El llamado de un profeta
L
os profetas solían desempeñar un papel esencial en la historia del pueblo de Dios, y en ocasiones asumían posiciones relevantes o incluso cruciales en la vida de la comunidad. Sin embargo, la vida de los profetas no era fácil y a menudo no aceptaban fácilmente el llamado divino a desempeñarse como profetas. Y no es de extrañar. Muchos profetas enfrentaban una fuerte oposición de quienes deberían haber recibido con agrado sus mensajes. Eran ignorados, ridiculizados, golpeados, encarcelados o perseguidos como animales salvajes. Varios fueron incluso asesinados
Actualmente, en una generación inundada de violencia, codicia, inmoralidad, explotación y todo tipo de influencias satánicas, la voz profética suele ser rechazada o simplemente ignorada. Estamos llamados a escuchar esa voz y a ser mensajeros de la esperanza que nos ha sido transmitida a través de ellos.
La semana pasada vimos cómo Dios se esforzó por restablecer la comunicación con la humanidad tras la caída en el Edén. Esta semana examinaremos algunos momentos trascendentales de la historia en los que Dios llamó a profetas para encaminar a su pueblo mediante sus mensajes en favor de un mundo caído.
Espíritu de Profecía
Durante los años transcurridos desde que el Señor se manifestó por primera vez al hijo de Ana, el llamamiento de Samuel al cargo profético había sido reconocido por toda la nación. Al transmitir fielmente la divina advertencia a la casa de Elí, por penoso que fuera dicho deber, Samuel había dado pruebas evidentes de su fidelidad como mensajero de Jehová; “y Jehová fue con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová”. 1 Samuel 3:19, 20.
Los israelitas aun continuaban, como nación, en un estado de irreligión e idolatría, y como castigo permanecían sujetos a los filisteos. Mientras tanto, Samuel visitaba las ciudades y aldeas de todo el país, procurando hacer volver el corazón del pueblo al Dios de sus padres; y sus esfuerzos no quedaron sin buenos resultados. Después de sufrir la opresión de sus enemigos durante veinte años, “toda la casa de Israel lamentaba en pos de Jehová”. Samuel les aconsejó: “Si de todo vuestro corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y solo a él servid”. 1 Samuel 7:3. Aquí vemos que la piedad práctica, la religión del corazón, era enseñada en los días de Samuel como lo fue por Cristo cuando estuvo en la tierra. Sin la gracia de Cristo, de nada le valían al Israel de antaño las formas externas de la religión. Tampoco valen para el Israel moderno.
Es hoy muy necesario que la verdadera religión del corazón reviva como sucedió en el antiguo Israel. El arrepentimiento es el primer paso que debe dar todo aquel que quiera volver a Dios. Nadie puede hacer esta obra por otro. Individualmente debemos humillar nuestras almas ante Dios, y apartar nuestros ídolos. Cuando hayamos hecho todo lo que podamos, el Señor nos manifestará su salvación— Recibiréis poder, 9 de septiembre, p. 263
Cuando Elías, divinamente dirigido en la búsqueda de un sucesor, pasó al lado del campo en el cual Eliseo estaba arando, echó sobre los hombros del joven el manto de la consagración… Era para él la señal de que Dios le llamaba a ser sucesor de Elías… Eliseo debía tener en cuenta el costo, decidir por sí mismo si quería aceptar o rechazar el llamamiento. Si sus deseos se aferraban a su hogar y sus ventajas, quedaba libre para permanecer allí. Pero el joven comprendió el significado del llamamiento… Ni por todas las ventajas mundanales se habría privado de la oportunidad de llegar a ser mensajero de Dios, ni habría sacrificado el privilegio de estar asociado con su siervo… Sin vacilación abandonó un hogar donde se le amaba, para acompañar al profeta en su vida incierta…
Muchos sienten el anhelo de poseer algún talento especial con que hacer una obra maravillosa, mientras pierden de vista los deberes que tienen a mano, cuyo cumplimiento llenaría la vida de fragancia… El éxito no depende tanto del talento como de la energía y de la buena voluntad. No es la posesión de talentos magníficos lo que nos habilita para prestar un servicio aceptable, sino el cumplimiento concienzudo de los deberes diarios, el espíritu contento, el interés sincero y sin afectación por el bienestar de los demás. En la suerte más humilde puede hallarse verdadera excelencia. Las tareas más comunes, realizadas con una fidelidad impregnada de amor, son hermosas a la vista de Dios— Conflicto y valor, 3 de agosto, p. 221
Domingo 4 de octubre
Abraham, el defensor del pacto
Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios ha tenido un remanente fiel que ha aceptado el llamado a la obediencia en respuesta a su gracia (ver Jer. 31:7, 31-34). Por ejemplo, años después de la dispersión de Babel, Dios eligió a Abram (más tarde Abraham) para que fuera un ejemplo de fe en el pacto, no solo para su familia, sino para todas las generaciones futuras. Rodeado de apostasía y ambivalencia moral, Abram demostró ser fiel al llamado de Dios (ver Gén. 12:1-9).
Dios comunicó los términos del pacto a Abraham y le mostró cómo se lograría la salvación de la humanidad mediante el sacrificio de Cristo (Gén. 15:6-17). Para poner a prueba la fe de Abraham e ilustrar el futuro sacrificio del Hijo de Dios, se pidió al patriarca que ofreciera a Isaac, su hijo, como sacrificio a Dios (Gén. 22:1-17). ¡Qué prueba tan dolorosa para el padre de los fieles! Piensa en todas las razones que Abraham pudo haber esgrimido para ignorar la orden explícita de Dios. Sin embargo, él obedeció fielmente. Dios detuvo la mano de Abraham antes de que matara a Isaac y le proveyó un carnero en su lugar.
No todos los profetas fueron llamados por Dios para advertir de una catástrofe inminente, pero todos fueron llamados para restaurar la fidelidad del pueblo y, a menudo, para advertir contra la apostasía, contra la opresión a los pobres y necesitados, y contra la violación del pacto y sus estipulaciones.
Sin embargo, lo más importante de la tarea profética era revelar la promesa de la salvación por medio del Mesías. El testimonio perdurable de los profetas bíblicos y del Espíritu Santo en nuestra era posapostólica nos llama a reconocer y advertir a otros acerca de la crisis inminente que vendrá sobre el mundo. Sin embargo, lo fundamental de esa advertencia es la buena noticia de la redención para el pueblo fiel de Jesús, aquellos que han permanecido en una relación de pacto con él (Apoc. 12:17).
Lee Génesis 15:6; Gálatas 3:6-9; Hebreos 11:8. ¿Qué aspectos de la vida y el carácter de Abraham lo hacían apto para el servicio de Dios a pesar de sus imperfecciones?
Génesis 15:6 — RV606 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
Gálatas 3:6-9 — RV60
6 Así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia.
7 Sabed, por tanto, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham.
8 Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo: En ti serán benditas todas las naciones.
9 De modo que los de la fe son bendecidos con el creyente Abraham.
Hebreos 11:8 — RV608 Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
Existen muchos paralelismos entre la época de Abraham y la nuestra. Así como el paganismo y la idolatría proliferaban en los días de Abraham, muchas de las ideologías actuales tienen por objeto eliminar o marginar al cristianismo. En contraste con la cultura predominante, el pueblo de Dios está hoy llamado a reflejar fielmente su imagen en sus interacciones diarias con los demás, incluyendo la proclamación de los mensajes de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12).
Las Escrituras dicen que Abram «creyó al Señor, y eso se le contó por justicia» (Gén. 15:6). ¿Cómo ves la promesa del evangelio revelada en este texto? ¿Qué esperanza puedes obtener de esto para ti mismo?
Espíritu de Profecía
Así como la Biblia presenta dos leyes, una inmutable y eterna, la otra provisional y temporaria, así también hay dos pactos. El pacto de la gracia se estableció primeramente con el hombre en el Edén, cuando después de la caída se dio la promesa divina de que la simiente de la mujer heriría a la serpiente en la cabeza. Este pacto puso al alcance de todos los hombres el perdón y la ayuda de la gracia de Dios para obedecer en lo futuro mediante la fe en Cristo. También les prometía la vida eterna si eran fieles a la ley de Dios. Así recibieron los patriarcas la esperanza de la salvación.
Este mismo pacto le fue renovado a Abraham en la promesa: ‘En tu simiente serán benditas todas las gentes de la tierra.’ Esta promesa dirigía los pensamientos hacia Cristo. Así la entendió Abraham, y confió en Cristo para obtener el perdón de sus pecados. fue esta fe la que se le contó como justicia. El pacto con Abraham también mantuvo la autoridad de la ley de Dios. El Señor se le apareció y le dijo: ‘Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí, y sé perfecto.’ El testimonio de Dios respecto a su siervo fiel fue: “Oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”.
El pacto hecho con Abraham fue ratificado mediante la sangre de Cristo, y es llamado el ‘segundo’ pacto o ‘nuevo’ pacto, porque la sangre con la cual fue sellado se derramó después de la sangre del primer pacto— La fe por la cual vivo, 12 de marzo, p. 79
Después del diluvio, la población de la tierra creció una vez más, y la maldad también creció… Finalmente el Señor abandonó a los endurecidos transgresores para que siguieran sus propios malos caminos, mientras escogía a Abraham, de la descendencia de Sem, y hacía de él el guardador de la ley para las generaciones futuras…
Aunque este pacto fue hecho con Adán, y más tarde se le renovó a Abraham, no pudo ratificarse sino hasta la muerte de Cristo. Existió en virtud de la promesa de Dios desde que se indicó por primera vez la posibilidad de redención. Fue aceptado por fe: no obstante, cuando Cristo lo ratificó fue llamado el pacto nuevo. La ley de Dios fue la base de este pacto, que era sencillamente un arreglo para restituir al hombre a la armonía con la voluntad divina, colocándolo en situación de poder obedecer la ley de Dios— La maravillosa gracia de Dios, 5 de mayo, p. 133
Lunes 5 de octubre
El mensaje de Elías
Lee 1 Reyes 18:19-39. ¿Qué podemos aprender de esta historia acerca de cómo puede operar el don profético?
1 Reyes 18:19-39 — RV6019 Envía, pues, ahora y congrégame a todo Israel en el monte Carmelo, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, y los cuatrocientos profetas de Asera, que comen de la mesa de Jezabel. 20 Entonces Acab convocó a todos los hijos de Israel, y reunió a los profetas en el monte Carmelo. 21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase. 30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja. 36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios!
El llamado y la forma de hablar de Elías reflejaban su papel como mensajero de Dios. Para detener la apostasía de Israel, Dios envió a Elías al rey Acab para anunciarle una sequía de varios años. El Señor utilizó esta aflicción para alejar a su pueblo de la idolatría y traerlo nuevamente a la obediencia. El rey y el pueblo culparon al profeta Elías por su desgracia y procuraron su muerte.
En el monte Carmelo, Elías se enfrentó a los profetas de Baal y Asera. El mensajero de Dios hizo un llamamiento lleno del Espíritu al idólatra Israel para que renunciara a sus dioses falsos y volviera al Señor. El pueblo sabía que sus decisiones los habían conducido a la apostasía nacional. Ahora estaban listos para abrazar de nuevo al Dios de Elías, que había demostrado ser superior a sus dioses falsos, que ni siquiera existían.
Justo antes de la segunda venida de Cristo, Dios ordena a su iglesia que proclame de nuevo el mensaje de Elías, y que el pueblo se aleje de sus «ídolos» y se prepare para el gran día del Señor. Dios sigue comunicándose con su pueblo a través de los canales que ha seleccionado. Su Palabra y el don profético proveen amonestación, advertencia, consejo y aliento.
«La mayor y más urgente de todas nuestras necesidades es la de un reavivamiento de la verdadera piedad en nuestro medio. Procurarlo debiera ser nuestra primera obra. Debe haber esfuerzos fervientes para obtener las bendiciones del Señor, no porque Dios no esté dispuesto a conferirnos sus bendiciones, sino porque no estamos preparados para recibirlas»(Elena de White, Mensajes selectos, t. 1, p. 147).
Lee Malaquías 4:5-6. ¿Cómo influye el mensaje de Elías en los hogares de quienes siguen a Dios?
5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.
El verdadero avivamiento comienza en el corazón y en el hogar. La familia es la piedra angular de la iglesia y un elemento indispensable de la comunidad. El avivamiento en el hogar difunde el amor celestial en la iglesia, la comunidad y la nación. Este es el propósito de Dios para el hogar cristiano. El avivamiento también motiva al pueblo de Dios para el cumplimiento de la misión.
¿Qué tipo de ídolos, si los hay, existen en nuestros hogares, corazones e iglesias?
Espíritu de Profecía
Entre las montañas de Galaad, al oriente del Jordán, moraba en los días de Acab un hombre de fe y oración cuyo ministerio intrépido estaba destinado a detener la rápida extensión de la apostasía en Israel. Alejado de toda ciudad de renombre y sin ocupar un puesto elevado en la vida, Elías el tisbita inició sin embargo su misión confiando en el propósito que Dios tenía de preparar el camino delante de él y darle abundante éxito. La palabra de fe y de poder estaba en sus labios, y consagraba toda su vida a la obra de reforma. La suya era la voz de quien clama en el desierto para reprender el pecado y rechazar la marea del mal. Y aunque se presentó al pueblo para reprender el pecado, su mensaje ofrecía el bálsamo de Galaad a las almas enfermas de pecado que deseaban ser sanadas…
A Elías fue confiada la misión de comunicar a Acab el mensaje relativo al juicio del cielo. Él no procuró ser mensajero del Señor; la palabra del Señor le fue confiada. Y lleno de celo por el honor de la causa de Dios, no vaciló en obedecer la orden divina, aun cuando obedecer era como buscar una presta destrucción a manos del rey impío…
Fue tan solo por su fe poderosa en el poder infalible de la palabra de Dios como Elías entregó su mensaje. Si no le hubiese dominado una confianza implícita en Aquel a quien servía, nunca habría comparecido ante Acab. Mientras se dirigía a Samaria, Elías había pasado al lado de arroyos inagotables, colinas verdeantes, bosques imponentes que parecían inalcanzables para la sequía. Todo lo que se veía estaba revestido de belleza. El profeta podría haberse preguntado cómo iban a secarse los arroyos que nunca habían cesado de fluir, y cómo podrían ser quemados por la sequía aquellos valles y colinas. Pero no dio cabida a la incredulidad. Creía firmemente que Dios iba a humillar al apóstata Israel, y que los castigos inducirían a este a arrepentirse. El decreto del Cielo había sido dado; no podía la palabra de Dios dejar de cumplirse; y con riesgo de su vida Elías cumplió intrépidamente su comisión— Conflicto y valor, 18 de julio, p. 205
Dios quería que su honor fuese exaltado como supremo ante los hombres, y que sus consejos fuesen confirmados a la vista del pueblo. El testimonio del profeta Elías sobre el monte Carmelo constituye un ejemplo de alguien que se puso completamente de parte de Dios y de su obra en la tierra… “Sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel”, ora, “y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová”, ruega, “respóndeme”.
Su celo por la gloria de Dios y su profundo amor por la casa de Israel presentan lecciones para la instrucción de todos los que permanecen hoy como representantes de la obra de Dios en la tierra.
Nada se gana con la cobardía o el temor de que se sepa que somos un pueblo que guarda los mandamientos de Dios. El ocultar nuestra luz, como si nos avergonzáramos de nuestra fe, redundará solo en desastre. Dios nos dejará en nuestra propia debilidad. No permita el Señor que rehusemos hacer brillar nuestra luz en cualquier lugar al cual nos llame. Si nos aventuramos a avanzar por nosotros mismos, siguiendo nuestras propias ideas, nuestros propios planes, dejando a Jesús detrás, no podemos esperar obtener fortaleza, valor o fuerza espiritual. Dios ha tenido héroes morales, y los tiene ahora: los que no se avergüenzan de ser su pueblo peculiar. Sus planes y su voluntad están subordinados a la ley de Dios. El amor de Jesús los ha conducido a encariñarse con sus propias vidas. Su trabajo ha consistido en tomar la luz de la Palabra de Dios y dejarla brillar con rayos claros y firmes sobre el mundo— Conflicto y valor, 22 de julio, p. 209