Lección 1 Edición Adultos. 1er Trimestre – Perseguidos, pero no desamparados – para el Sábado 3 de Enero 2026

Esta semana analizaremos las circunstancias que enfrentó Pablo. Él vio un propósito más grande para lo que le sucedió
Escuela sabatica 2026
Lección de Escuela Sabática de Adultos 1er Trimestre 2026 Perseguidos, pero no desamparados

Lección 1: Para el 3 de enero de 2026

Perseguidos, pero no desamparados

Sábado, Diciembre 27

Lee para el estudio de esta semana!
Efesios 3: 1; 2 Corintios 4: 7–12; Hechos 9: 16; Filemón 1: 15, 16; Colosenses 4: 9; Filipenses 1: 1–3; Colosenses 1: 1, 2.

Para memorizar

!Regocíjense en el Señor siempre! Repito:¡Regocíjense!.

Filipenses 4:4

Un pastor adventista encarcelado por cargos falsos pasó casi dos años entre rejas. Aunque al principio estaba muy perplejo, se dio cuenta de que la prisión era el campo misionero que Dios le había dado.

Cuando sus compañeros se enteraron de que era pastor, le pidieron que predicara. Lo hizo, y también compartió literatura. Incluso bautizó a varios reclusos y dirigió servicios de Santa Cena.

A veces era difícil ejercer el ministerio en la cárcel, pero también había alegría, sobre todo cuando veías que las oraciones eran escuchadas y las vidas cambiaban», admitió

Pablo escribió Filipenses y Colosenses desde la cárcel (ver Fil. 1: 7; Col. 4: 3). De hecho, en la misma Filipos, después de que Pablo y Silas fueran acusados injustamente, el carcelero «les aseguró los pies en el cepo» (Hech. 16: 24). A medianoche, «oraban y cantaban himnos a Dios; y los presos los oían» (Hech. 16: 25). Verdaderamente sabían «regocijarse siempre».

Esta semana analizaremos las circunstancias que enfrentó Pablo. Él vio un propósito más grande para lo que le sucedió, y nosotros también podemos aprender de su ejemplo al enfrentar las pruebas.

Notas de Elena G. White

El apóstol Pablo sentía una profunda responsabilidad por los que se convertían por sus labores. Por encima de todas las cosas, anhelaba que fueran fieles, «para que yo pueda gloriarme en el día de Cristo — decía—, que no he corrido en vano, ni trabajado en vano». Filipenses 2:6.

Temblaba por el resultado de su ministerio. Sentía que hasta su propia salvación podría estar en peligro si no cumpliera su deber y la iglesia no cooperase con él en la obra de salvar almas. Sabía que la sola predicación no bastaba para enseñar a los creyentes a proclamar la palabra de vida. Sabía que línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allí, debían ser enseñados a progresar en la obra de Cristo.

Es un principio universal que cuando quiera que uno se niegue a usar las facultades que Dios le da, estas decaen y mueren. La verdad que no se vive, que no se imparte, pierde su poder vivificante, su virtud sanadora. De aquí el temor del apóstol Pablo de que no presentase a todo hombre perfecto en Cristo. La esperanza de Pablo de entrar en el cielo se obscurecía cuando contemplaba cualquier fracaso suyo que diera a la iglesia el molde humano en lugar del divino. Su conocimiento, su elocuencia, sus milagros, su visión de las escenas eternas obtenidas en el tercer cielo, todo sería inútil si por la infidelidad en su obra aquellos por quienes trabajaba cayeran de la gracia de Dios. Y así, de viva voz y por carta, rogaba a aquellos que habían aceptado a Cristo que siguiesen una conducta que los habilitara para ser «irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin culpa en medio de la nación maligna y perversa… como luminares en el mundo; reteniendo la palabra de vida». Filipenses 2:15, 16

Todo verdadero ministro siente una pesada responsabilidad por el progreso espiritual de los creyentes confiados a su cuidado, un anhelante deseo de que sean colaboradores de Dios. Comprende que del fiel cumplimiento del trabajo que Dios le da depende en gran medida el bienestar de la iglesia. Trata ardiente e incansablemente de inspirar en los creyentes el deseo de ganar almas para Cristo, recordando que todo el que se añade a la iglesia debería ser un agente más para el cumplimiento del plan de la redención (Los hechos de los apóstoles, pp. 168, 169).

Pablo, el prisionero de Jesucristo

Domingo, Diciembre 28

Las cartas de Filipenses y Colosenses son conocidas como las epístolas de la prisión, pues fueron escritas mientras Pablo estaba preso (las otras cartas de la prisión son Efesios y Filemón). La mayoría de los comentaristas cree que fueron escritas mientras Pablo estaba en Roma, entre los años 60 y 62 d. C. (ver Hech. 28: 16).

Lee Efesios 3: 1 y Filemón 1: 1
¿Qué importancia tiene la forma en que Pablo describe su encarcelamiento?.

Pablo había entregado su vida al servicio de Jesucristo. Si ese servicio incluía ser prisionero, estaba preparado para ello. El apóstol se describe a sí mismo como «embajador en cadenas» (Efe. 6: 20).

Había estado en viajes misioneros, levantando iglesias y entrenando obreros para el Señor. Podría haberse preguntado: «¿Por qué estoy aquí cuando podría hacer mucho más sin estas cadenas?». Pablo también fue encarcelado más tarde, cuando escribió 2 Timoteo, que es considerada una epístola pastoral. Así que, al menos cinco libros del Nuevo Testamento fueron escritos mientras estaba en prisión.

En ninguna de las epístolas de la prisión Pablo menciona exactamente dónde estuvo encarcelado; por ello, algunos han sugerido Éfeso o Cesarea. Pero no hay evidencias bíblicas de que Pablo haya estado privado de la libertad en Éfeso. Cesarea parecería más probable, excepto por el hecho de que no hay registro de ninguna amenaza evidente a la vida de Pablo en esa ciudad. Sin embargo, esa amenaza ya existía cuando escribió Filipenses (ver Fil. 1: 20; 2: 17).

Esta epístola contiene algunas pistas acerca del lugar donde Pablo se encontraba en el momento de su encarcelamiento. En primer lugar, había un pretorio. Esto puede referirse a la residencia oficial de un gobernador provincial –como la de Jerusalén, donde Jesús fue interrogado por Pilato (Mat. 27: 27; Juan 18: 33), o como la de Cesarea, donde Pablo fue encarcelado (Hech. 23: 35)–, pero Pablo utiliza claramente este término no como una referencia a un lugar, sino en relación con ciertas personas. Dice que «toda la guardia pretoriana» se familiarizó con el evangelio (Fil. 1: 13, LBLA). Esta guardia estaba integrada por hasta catorce mil soldados seleccionados que protegían al emperador y custodiaban a los prisioneros.

En segundo lugar, Pablo también envía saludos de los creyentes de «la casa del César» (Fil. 4: 22). Esto indica que Pablo estaba prisionero en Roma y en contacto con los que servían a la casa imperial.

¿Cómo podemos aprender a extraer lo mejor de cualquier situación difícil en la que nos encontremos? ¿Por qué no siempre es fácil hacerlo?

Notas de Elena G. White

No es por causa de restricción alguna por parte de Dios por lo que las riquezas de su gracia no fluyen hacia la tierra, a los hombres. Si todos tuvieran la voluntad de recibir, todos serían llenados de su Espíritu.

Es el privilegio de toda alma ser un canal vivo por medio del cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que Cristo desee tanto como agentes que representen al mundo su Espíritu y carácter. No hay nada que el mundo necesite tanto como la manifestación del amor del Salvador mediante la humanidad. Todo el cielo está esperando que haya canales por medio de los cuales pueda derramarse el aceite santo para que sea un gozo y una bendición para los corazones humanos.

«Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo… y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús». Efesios 2:4-7.

Tales son las palabras que «Pablo el anciano», «prisionero de Cristo Jesús», escribiendo desde su cárcel de Roma, se esforzó por presentar a sus hermanos, aquello para cuya presentación plena el lenguaje le resultaba inadecuado: «Las inescrutables riquezas de Cristo», el tesoro de la gracia que se ofrecía sin costo a los caídos hijos de los hombres. Mientras vuestra alma suspire por Dios, encontraréis más y más de las inescrutables riquezas de su gracia. Mientras las contempléis, llegaréis a poseerlas y se os revelarán los méritos del sacrificio del Salvador, la protección de su justicia, la perfección de su sabiduría y su poder para presentarnos ante el Padre «sin mácula, y sin reprensión». 2 Pedro 3:14 (La maravillosa gracia de Dios, 28 de junio, p. 187).

Todo verdadero ministro siente una pesada responsabilidad por el progreso espiritual de los creyentes confiados a su cuidado, un anhelante deseo de que sean colaboradores de Dios. Comprende que del fiel cumplimiento del trabajo que Dios le da depende en gran medida el bienestar de la iglesia.

Trata ardiente e incansablemente de inspirar en los creyentes el deseo de ganar almas para Cristo, recordando que todo el que se añade a la iglesia debería ser un agente más para el cumplimiento del plan de la redención (Los hechos de los apóstoles, pp. 168, 169).

Así, aunque aparentemente ajeno a la labor activa, Pablo ejerció más amplia y duradera influencia que si hubiese podido viajar libremente de iglesia en iglesia como en años anteriores. Como preso del Señor, era objeto del más profundo afecto de parte de sus hermanos; y sus palabras, escritas por quien estaba en cautiverio por la causa de Cristo, imponían mayor atención y respeto que cuando él estaba personalmente con ellos. Hasta que Pablo les fue quitado, los creyentes no se dieron cuenta de cuán pesadas eran las cargas que había soportado por ellos. En otros tiempos se habían excusado en gran parte de las responsabilidades porque les faltaba su sabiduría, tacto e indomable energía; pero ahora, abandonados a su inexperiencia para aprender las lecciones que habían rehuido, apreciaron sus amonestaciones, consejos e instrucciones como no los habían estimado durante su obra personal. Al informarse de su valentía y fe durante su largo encarcelamiento, fueron estimulados a una mayor fidelidad y celo en la causa de Cristo (Los hechos de los apóstoles, pp. 362, 363).

Pablo encadenado

Lunes, Diciembre 29

P ablo menciona varios encarcelamientos durante su permanencia en Macedonia (2 Cor. 6: 5; 7: 5; 11: 23). El primer caso registrado ocurrió en Filipos (Hech. 16: 16-24). Más tarde fue encarcelado brevemente en Jerusalén antes de ser trasladado a la prisión de Cesarea.

En otro texto, Pablo dice que estaba «en prisión» (File. 1: 10, 13). Aunque estaba bajo arresto domiciliario en Roma, era acompañado por un soldado romano de élite. Ignacio de Antioquía, un cristiano de principios del siglo II que estuvo en una condición semejante, describió a los soldados romanos como «bestias salvajes […] que cuanto más amablemente se los trata peor se comportan» (Epístola a los Romanos 5.1).

Lee 2 Corintios 4: 7-12
¿Qué revela este pasaje acerca de cómo pudo Pablo soportar las pruebas a las que se enfrentó? ¿Cuál era el centro de su vida?.

Por muy difícil que fuera su vida, Pablo era capaz de ver el lado bueno de las cosas, y eso le daba valor para soportar la tensión. A pesar de que Satanás lo hacía objeto de sus más feroces ataques, Pablo sabía que no estaba desamparado.

Lee 2 Corintios 6: 3-7
¿De qué recursos espirituales disponía Pablo para afrontar estas dificultades?

A menudo, podemos caer en la tentación de mirar nuestras circunstancias, nuestras debilidades o nuestros fracasos pasados, y desanimarnos. En momentos como esos necesitamos recordar los numerosos recursos que Dios ha provisto para nuestro éxito en la lucha contra el mal. Uno de los más importantes es la Biblia misma, «la palabra de verdad» (2 Tim. 2: 15), porque en ella podemos aprender de los errores de otros y cómo estas personas obtuvieron la victoria. Además, el Espíritu Santo «hace eficaz lo que ha sido realizado por el Redentor del mundo. Por el Espíritu es purificado el corazón. Por el Espíritu llega a ser el creyente partícipe de la naturaleza divina. Cristo ha dado su Espíritu como poder divino para vencer todas las tendencias hacia el mal, hereditarias y cultivadas, y para grabar su propio carácter en su iglesia» (Elena G. de White, El Deseado de todas las gentes, p. 641).

¿Cómo podemos presentarnos siempre «en todo como ministros de Dios» (2 Cor. 6: 4)? ¿Qué significa esto?

Notas de Elena G. White

A pesar de la iniquidad que prevalecía, había un número de hombres santos, ennoblecidos y elevados por la comunión con Dios, que vivían en compañerismo con el cielo. Eran hombres de poderoso intelecto, que habían realizado obras admirables. Tenían una santa y gran misión; a saber, desarrollar un carácter justo y enseñar una lección de piedad, no solo a los hombres de su tiempo, sino también a las generaciones futuras. Solo algunos de los más destacados se mencionan en las Escrituras; pero a través de todos los tiempos, Dios tuvo testigos fieles y adoradores sinceros

¡Cuán a menudo los que confiaron en la Palabra de Dios, aunque eran en sí mismos completamente impotentes, han resistido el poder del mundo entero! Enoc, de corazón puro y vida santa, puso su fe en el triunfo de la justicia contra una generación corrupta y mofadora; Noé y su casa resistieron a los hombres de su época, hombres de mucha fuerza física y mental y de la más degradada moralidad; los hijos de Israel, que junto al mar Rojo no eran más que una multitud indefensa y aterrorizada de esclavos, resistieron al más poderoso ejército de la más poderosa nación del globo; David, siendo tan solo un pastorcillo que tenía la promesa del trono dada por Dios, resistió a Saúl, el monarca reinante, dispuesto a no ceder su poder. El mismo hecho se destaca en el caso de Sadrac y sus compañeros en el horno de fuego, y Nabucodonosor en el trono; Daniel entre los leones, y sus enemigos en los puestos elevados del reino; Jesús en la cruz, y los sacerdotes y príncipes judíos forzando al gobernador romano para que hiciese su voluntad; Pablo encadenado y llevado a sufrir la muerte de un criminal, y Nerón, déspota de un imperio mundial.

No solo en la Biblia se encuentran estos ejemplos. Abundan en los anales del progreso humano. Los valdenses y los hugonotes, Wiclef y Hus, Jerónimo y Lutero, Tyndale y Knox, Zinzendorf y Wesley, y multitudes más, han dado testimonio del poder de la Palabra de Dios contra el poder y el proceder humanos que apoyan el mal. Estos constituyen la verdadera nobleza del mundo. Constituyen su realeza. Los jóvenes de hoy día son llamados a ocupar sus lugares (Conflicto y valor, 3 de enero, p. 9).

Consideremos por un momento la experiencia de Pablo. El apóstol fue encarcelado y encadenado en el momento en que parecía que su labor era más necesaria para fortalecer la sufrida y perseguida iglesia. Pero este fue el momento en que el Señor obró y las victorias que ganó fueron preciosas.

Cuando en apariencia Pablo podía hacer menos, la verdad encontró entrada en el palacio real. No fueron los sermones magistrales de Pablo delante de estos hombres notables, sino sus cadenas lo que llamó la atención de ellos. Mediante su cautiverio el apóstol se transformó en un conquistador para Cristo. La paciencia y la humildad con las que él se sometió a su prolongado e injusto confinamiento impulsaron a estos hombres a pesar el carácter del apóstol. Al enviar su último mensaje a sus amados en la fe, Pablo une a sus palabras los saludos de los santos de la casa de César dirigidos a los santos de las otras ciudades (Reflejemos a Jesús, 10 de diciembre, p. 350).

Pablo en Filipos

Martes, 30 de Diciembre

D urante el segundo viaje misionero de Pablo, poco después de la incorporación de Timoteo al equipo, el Espíritu Santo les impidió continuar con su labor en Asia Menor (Hech. 16: 6). Entonces, durante una visión nocturna, Pablo vio a un hombre que le suplicaba: «Pasa a Macedonia, y ayúdanos» (Hech. 16: 9). Así que, inmediatamente se dirigieron al puerto marítimo más cercano para partir desde allí a Macedonia, y navegaron desde Troas a través del mar Egeo hasta Neápolis, en el continente europeo. Pero, en lugar de predicar allí, Pablo, Silas, y Timoteo y Lucas (quienes se unieron a ellos en Troas, como indica el uso del plural «vinimos» en Hech. 16: 11), se dirigieron a Filipos..

En su actividad evangelizadora, Pablo siempre pensó estratégicamente. Filipos era «la principal ciudad de la provincia de Macedonia» (Hech. 16: 12). De hecho, era una de las más honradas del Imperio Romano, pues se le había concedido el estatus de Ius Italicum [derecho italiano], el título más honroso que se podía otorgar a una ciudad. Sus ciudadanos gozaban de los mismos privilegios que los de una ciudad situada en Italia, incluida la exención del impuesto sobre bienes inmuebles y del impuesto sobre la renta de capitación que pagaban los ciudadanos romanos poseedores de cierto capital. Además, cualquiera que naciera en la ciudad se convertía automáticamente en ciudadano romano. También era una parada importante en la Vía Egnatia, la principal ruta terrestre que conectaba Roma con Oriente. El establecimiento de una importante presencia cristiana allí permitió a la iglesia de Filipos llevar el evangelio a muchas otras ciudades cercanas, como Anfípolis, Apolonia, Tesalónica y Berea (ver Hech. 17: 1, 10).

Curiosamente, la lengua oficial en la Filipos del siglo I era el latín, como demuestra el predominio de inscripciones en dicha lengua. En Filipenses 4: 15, Pablo incluso se dirige a ellos con una palabra que suena latina (filippēsioi), al parecer en reconocimiento de su especial condición romana. Sin embargo, el griego era la lengua del mercado y de los pueblos y las ciudades de los alrededores, así como el medio de difusión del evangelio. Lucas describe cómo Pablo y su equipo se reunieron para orar junto al río, donde Lidia y su familia se convirtieron (Hech. 16: 13-15). Como mujer de negocios (vendía púrpura), es posible que haya sido uno de los principales apoyos financieros en Filipos para el ministerio de Pablo. El tiempo que Pablo y Silas pasaron allí en la cárcel condujo a la conversión de otra familia: la del carcelero.

El Espíritu Santo sabía que Filipos sería el puesto de avanzada para la expansión del evangelio a través de Europa, aunque también habría persecución. Por muy mala que sea, la persecución puede, en determinadas circunstancias, permitir que el evangelio llegue a personas que de otro modo no podrían ser alcanzadas.

Lee Hechos 9: 16. ¿Cómo nos ayuda este texto a entender algunas de las pruebas de Pablo? ¿Cómo puede ayudarnos a entender algunas de las nuestras

Notas de Elena G. White

Pablo, el más grande maestro humano, aceptaba tanto los deberes más humildes como los más elevados. Reconocía la necesidad del trabajo, tanto para las manos como para la mente, y desempeñaba un oficio para mantenerse. Se dedicaba a la fabricación de tiendas mientras predicaba diariamente el evangelio en los grandes centros civilizados.

«Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo —dijo cuando se despedía de los ancianos de Efeso,- estas manos me han servido». Hechos 20:34.

Al par que poseía altas dotes intelectuales, Pablo revelaba en su vida el poder de una sabiduría aún más rara. Sus enseñanzas, ejemplificadas por su vida, revelan principios de la más profunda significación, que eran ignorados por los grandes espíritus de su tiempo. Poseía la más elevada de todas las sabidurías que da una pronta perspicacia y simpatía, que pone al hombre en contacto con los hombres, y lo capacita para despertar la naturaleza mejor de sus semejantes e inspirarlos a vivir una vida más elevada…

Vedle en la cárcel de Filipos donde, a pesar del dolor que abruma su cuerpo, su canto de alabanza rasga el silencio de la noche. Después que el terremoto ha abierto las puertas de la cárcel, se vuelve a oír su voz en palabras de aliento para el carcelero pagano: «No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí». Hechos 16:28. Todos habían permanecido en su sitio, contenidos por la presencia de un compañero de prisión. Y el carcelero, convencido de la realidad de aquella fe que sostenía a Pablo, se interesó por el camino de la salvación, y con toda su casa se unió al perseguido grupo de discípulos de Cristo.

Así transcurrió su vida, según él mismo dice, «en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez». 2 Corintios 11 :26, 27.

«Nos maldicen —dijo—, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos. Nos difaman, y rogamos como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo». 1 Corintios 4: 12, 13; 2 Corintios 6: 10.

Hallaba gozo en el servicio; y al fin de su vida de trabajo, al echar una mirada retrospectiva a sus luchas y triunfos, pudo decir: «He peleado la buena batalla». 2 Timoteo 4:7 (La educación, pp. 66-68).

Pablo y Colosas

Miércoles, 31 de Diciembre

N o tenemos constancia de que Pablo visitara alguna vez Colosas, lo que nuevamente nos dice algo acerca de la eficacia de su estrategia evangelizadora. En primer lugar, fue Epafras, residente de Colosas (Col. 4: 12), quien llevó el evangelio a esa ciudad (Col. 1: 7). ¿Cómo ocurrió su conversión? Lo más probable es que haya ocurrido cuando Pablo estuvo a mediados de la década del 50 en la cercana Éfeso, y «todos los que habitaban en Asia […] pudieron oír la palabra del Señor Jesús» (Hech. 19: 10; comparar con Hech. 20: 31).

El libro de Apocalipsis da testimonio de la gran difusión del evangelio en esta zona (Apoc. 1: 4). La explicación más plausible de este éxito, incluida su propagación a Colosas, es que haya sido el resultado de la labor de los conversos de Pablo, quienes escucharon por primera vez el mensaje en Éfeso, la ciudad más importante de Asia Menor y uno de los principales puertos. Epafras probablemente escuchó la predicación de Pablo en Éfeso y, tras convertirse en uno de sus colaboradores, llevó el evangelio a su ciudad natal, Colosas.

La ciudad, a unos quince kilómetros al sureste de Laodicea, está siendo excavada en la actualidad, por lo que sabemos menos de ella que de otras ciudades más importantes de la región. Sin embargo, sabemos que contaba con una población judía considerable, de «hasta diez mil de ellos viviendo en esa zona de Frigia» (Arthur G. Patzia, Ephesians, Colossians, Philemon [Peabody, MA: Hendrickson, 1990], p. 3).

Las monedas acuñadas en Colosas indican que sus habitantes adoraban, como en muchas ciudades romanas, a una variedad de dioses. Las prácticas paganas y las poderosas influencias culturales planteaban a los cristianos enormes desafíos, no solo para evangelizar la ciudad, sino también para mantenerse fieles a la fe pura del evangelio. Otro cristiano prominente en Colosas fue Filemón, que pudo haberse convertido más o menos al mismo tiempo que Epafras.

Lee Filemón 1: 15, 16. Ver también Colosenses 4: 9. ¿Qué curso de acción recomendó Pablo a Filemón respecto de Onésimo?

Aunque la ley romana obligaba a Pablo a devolver a Onésimo a Filemón, el apóstol apela al corazón y a la conciencia de Filemón como compañero creyente, y lo insta a tratar a Onésimo como a un hermano, no como a un esclavo (File. 1: 16).

Por mucho que aborrezcamos la idea de la esclavitud en cualesquiera de sus formas y deseemos que Pablo hubiera condenado esa práctica, ¿cómo podemos aceptar lo que Pablo dice aquí? (Resulta fascinante que, durante la época de la esclavitud en Estados Unidos, Elena G. de White dijera específicamente a los adventistas que desobedecieran la ley que ordenaba devolver a los esclavos fugitivos).

Notas de Elena G. White

Rodeados por las costumbres y la influencia del paganismo, los creyentes de Colosas corrían peligro de ser inducidos a abandonar la sencillez del evangelio, y Pablo, al amonestarlos contra esa posibilidad, les presentó a Cristo como el único que los podía guiar seguramente… «Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias». Colosenses 2:6, 7.

Cristo había anticipado que se levantarían engañadores, por cuya influencia la «maldad» se multiplicaría y «el amor de muchos» se enfriaría. Mateo 24:12. Advirtió a sus discípulos que la iglesia correría más peligro por causa de este mal que por las persecuciones de sus enemigos. Una y otra vez Pablo previno a los creyentes contra esos falsos maestros. Deberían precaverse de ese peligro más que de cualquier otro, pues al recibir a los falsos maestros, estarían abriendo la puerta a errores por medio de los cuales el enemigo podría embotar las percepciones espirituales y sacudir la confianza de los nuevos conversos al evangelio. Cristo era la norma por medio de la cual debían probar las doctrinas que se presentaran. Debían rechazar todo lo que no estuviera en armonía con sus enseñanzas. Cristo crucificado por el pecado. Cristo resucitado de entre los muertos, Cristo ascendido a lo alto, esta era la ciencia de la salvación que ellos debían aprender y enseñar.

Las amonestaciones de la Palabra de Dios respecto a los peligros que rodean a la iglesia cristiana, son para nosotros hoy. Así como en los días de los apóstoles los hombres intentaron destruir la fe en las Escrituras por medio de tradiciones y filosofías, hoy en día, por medio de los agradables conceptos de la «alta crítica», la evolución, el espiritismo, la teosofia y el panteísmo, el enemigo de la justicia está tratando de conducir a las almas por caminos prohibidos. Para muchos, la Biblia es una lámpara sin aceite, porque han convertido sus mentes en canales por medio de los cuales fluyen creencias especulativas que producen falsos conceptos y confusión. La obra de la «alta crítica», que consiste en disecar la Palabra de Dios, en tejer conjeturas acerca de ella, y en pretender reconstruirla, está destruyendo en realidad la fe en la Biblia como revelación divina. Está privando a la Palabra de Dios de la facultad de guiar, elevar e inspirar las vidas humanas. Mediante el espiritismo, multitudes son inducidas a pensar que el deseo es la ley más importante, que el libertinaje es libertad y que el hombre es responsable solo ante sí mismo… El poder de una vida más elevada, más pura y más noble, es nuestra gran necesidad (Reflejemos a Jesús, 26 de noviembre, p. 336).

La carta a los colosenses está llena de lecciones de gran valor para todos los que están ocupados en el servicio de Cristo, lecciones que muestran la sinceridad de propósito y la altura del blanco que será visto en la vida de aquel que representa correctamente a su Salvador. Renunciando a todo lo que pueda impedirle realizar progresos en el camino ascendente, o quiera hacer volver los pies de otros del camino angosto, el creyente revelará en su vida diaria, misericordia, bondad, humildad, mansedumbre, tolerancia y el amor de Cristo…

En sus esfuerzos por alcanzar el ideal de Dios, el cristiano no debería desesperarse por nada. A todos es prometida la perfección moral y espiritual por la gracia y el poder de Cristo. Él es el origen del poder, la fuente de la vida. Nos lleva a su Palabra, y del árbol de la vida nos presenta hojas para la sanidad de las almas enfermas de pecado. Nos guía hacia el trono de Dios, y pone en nuestra boca una oración por la cual somos traídos en estrecha relación con él. En nuestro favor pone en operación los todopoderosos agentes del cielo. A cada paso sentimos su poder viviente (Exaltad a Jesús, 7 de septiembre, p. 258).

Las iglesias de Filipos y Colosas

Jueves, 1 de Enero de 2026

Lee Filipenses 1: 1-3 y Colosenses 1: 1, 2.
¿Cómo son descritas las iglesias de Filipos y Colosas, y qué significa esta descripción?

E n su típico saludo epistolar, Pablo llama a los cristianos «santos», lo que significa que fueron apartados como pueblo o consagrados como pueblo especial de Dios en virtud del bautismo, así como Israel lo había sido antes como «nación santa» por medio de la circuncisión (Éxo. 19: 5, 6; comparar con 1 Ped. 2: 9, 10). Esto no tiene absolutamente nada que ver con la práctica de la iglesia romana de canonizar a las personas como «santos»..

También es interesante el paralelismo entre los saludos de estas dos epístolas. Pablo se refiere a «obispos (griego episkopos, literalmente: «supervisores») y diáconos» (Fil. 1: 1) en Filipos y a «hermanos santos y fieles en Cristo» (Col. 1: 2) en Colosas. Cuando el Nuevo Testamento habla de «hermanos fieles», se refiere a quienes tienen un ministerio específico en la iglesia (ver Efe. 6: 21; Col. 4: 7; 1 Ped. 5: 12). Por lo tanto, parece que Pablo se está dirigiendo no solo a los miembros de la iglesia en estas ciudades, sino también a sus líderes. La referencia a cargos descritos más específicamente en otros lugares (por ejemplo, en 1 Tim. 3: 1-12; Tito 1: 5-9) da testimonio de la existencia y la importancia de la organización desde el período más temprano de la iglesia.

Formar colaboradores como Timoteo y Epafras y proveer para el liderazgo de las iglesias locales era una prioridad para Pablo, pues ello le permitía extender su alcance evangelizador. En otras palabras, había un enfoque estratégico tanto para la evangelización como para la retención. Nuestros pioneros adventistas siguieron el modelo neotestamentario de organización eclesiástica, como muestran muchos artículos de la Review and Herald de la década de 1850. De hecho, Jaime White dijo: «El orden divino del Nuevo Testamento es suficiente para organizar la iglesia de Cristo. Si se necesitara más, habría sido provisto por inspiración» («Gospel Order», Review and Herald, 6 de diciembre de 1853, p. 173).

Mucho antes de que Pablo escribiera a estas iglesias, los apóstoles ya habían comenzado a establecer oficiales en la iglesia de Jerusalén (ver Hech. 6: 1-6; 11: 30), la cual «debía servir de modelo para […] las iglesias que se establecieran en muchos otros puntos donde los mensajeros de la verdad trabajasen para ganar conversos al evangelio» (Elena G. de White, Los hechos de los apóstoles, p. 72).

Es bien sabido que Pablo utilizó a veces ayudantes literarios en la composición de sus epístolas. Timoteo es también mencionado como asistente editorial en otros lugares (ver, por ejemplo, 2 Cor. 1: 1; File. 1: 1). El hecho de que Pablo siguiera usando tácitamente el pronombre de primera persona singular («yo») en lugar de «nosotros» demuestra que su autoridad apostólica respaldaba estas epístolas.

Notas de Elena G. White

En su carta a los colosenses, San Pablo enumera las abundantes bendiciones concedidas a los hijos de Dios. «No cesamos —dice— de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios; fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de su gloria, para toda paciencia y longanimidad». Colosenses 1:9-11.

Escribe además respecto a su deseo de que los hermanos de Efeso logren comprender la grandeza de los privilegios del cristiano. Les expone en el lenguaje más claro el maravilloso conocimiento y poder que pueden poseer como hijos e hijas del Altísimo. De ellos dependía que fueran «fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu», y «arraigados y cimentados en amor», para poder «comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento». Pero la oración del apóstol alcanza al apogeo del privilegio cuando ruega que sean «llenos de toda la plenitud de Dios». Efesios 3:16-19.

Así se ponen de manifiesto las alturas de la perfección que podemos alcanzar por la fe en las promesas de nuestro Padre celestial, cuando cumplimos con lo que él requiere de nosotros. Por los méritos de Cristo tenemos acceso al trono del Poder Infinito. «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» Romanos 8:32. El Padre dio a su Hijo su Espíritu sin medida, y nosotros podemos participar también de su plenitud…

Por medio de Jesús, los hijos caídos de Adán son hechos «hijos de Dios». «Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos». Hebreos 2:11. La vida del cristiano debe ser una vida de fe, de victoria y de gozo en Dios… Con razón declaró Nehemías, el siervo de Dios: «El gozo de Jehová es vuestra fuerza». Nehemías 8:10. Y San Pablo dijo: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!» «Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» Filipenses 4:4; 1 Tesalonicenses 5:16-18.

Solo en la medida en que la ley de Dios sea repuesta en el lugar que le corresponde habrá un avivamiento de la piedad y fe primitivas entre los que profesan ser su pueblo (Reflejemos a Jesús, 20 de julio, p. 207).

Para estudiar y Meditar

Viernes, 2 de Enero de 2026

P «Dios los ha escogido para salvación mediante la santificación del espíritu y la creencia en la verdad. Estén, pues, firmes. […] Si sirven fielmente a Dios, encontrarán prejuicios y oposición; pero no se irriten cuando sufran injustamente. No tomen represalias. Mantengan firme la integridad en Jesucristo. Pongan el rostro como un pedernal hacia el Cielo. Dejen que otros hablen sus propias palabras y sigan su propio curso de acción; a ustedes les corresponde seguir adelante en la mansedumbre y humildad de cristo. Hagan su trabajo con firme propósito, con pureza de corazón, con todo su poder y fuerza, apoyándose en el brazo de Dios. Tal vez nunca conozcan la verdadera y excelsa naturaleza de su trabajo. El valor que ustedes tienen solo pueden medirlo por la vida dada para salvarlos. […]

»Para cada alma que está creciendo en Cristo habrá tiempos de lucha seria y prolongada, porque los poderes de las tinieblas están decididos a oponerse al camino del avance. Pero, cuando buscamos la gracia en la Cruz de Cristo, no podemos fracasar. La promesa del Redentor es: “Nunca te dejaré ni te desampararé”. Yo estoy contigo todos los días, hasta el fin del mundo”» (Elena G. de White, «The Joy that is Set before Us», The Youth’s Instructor, 9 de noviembre de 1899, p. 3).

Preguntas Para Dialogar

  1. Pablo fue encarcelado varias veces, siempre injustamente. ¿Cómo respondes cuando te tratan injustamente? ¿Qué promesas bíblicas puedes sugerir para hacer frente a esos momentos?

  2. Acerca de la persecución de los cristianos, Tertuliano (150-225 d. C.), un líder de la iglesia primitiva, dijo: “Nos hacemos más numerosos cada vez que nos cosechan: la sangre de los cristianos es semilla” (Apologético 13). Al mismo tiempo, la persecución en algunos lugares y épocas ha obstaculizado enormemente la obra de la iglesia. ¿De qué maneras podemos apoyar a quienes sufren persecución por su fe?

  3. Piensa en el texto para memorizar de esta semana a la luz de las penurias que sufrió Pablo: “Regocíjense siempre”. ¿Qué significa eso? ¿Cómo debemos hacerlo? Un ser querido padece una enfermedad o muere. Pierdes tu trabajo. Sufres un gran dolor físico. ¿En qué sentido debemos “regocijarnos siempre” independientemente de nuestra situación?

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